Confesiones

Uno de febrero de dos mil diecisiete.

Aún sigo buscando tu cara entre la multitud de este tren que cada mañana para en la estación en la que te bajaste aquella.

Entre agobiados uniformados, curiosos estudiantes o atolondrados en chándal.

Aún sigo desviando mi ruta para pasar por tu calle, rezando que en ese momento salgas o entres a tu portal.

Tan cerca y tan lejos.

A veces me pregunto si esto es una locura, y encuentro mi respuesta al recordar aquella vez que esperé una tarde entera en un banco cerca de tu casa.

¿Es el amor locura, como esas estúpidas películas y libros nos han hecho pensar por décadas, o soy una imbécil enamorada de un sentimiento intangible, tan antiguo que se convirtió en real?

Por favor, aparece y contestame.
En esos ojos color miel encontraré la respuesta a mis turbaciones.

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