Pálpito

Y se levantó, no le quedaba mucho tiempo. La prisa con la que iba y el portazo que dio hizo captar todas las miradas de la sala. Afuera había mucha gente, ni siquiera sabía lo que hacía, sus movimientos eran puro reflejo guiado por un pálpito.
Y allí estaba, figura difusa, bajando por las escaleras, se iba deshaciendo con la necesidad que sentía de entregar sus sentimientos. Estiró la mano y llegó a tocar el brazo, por lo que se giró, pero ya era tarde, toda su sombra desapareció como unas cenizas con la brisa.
Aún así se quedó con el boceto de su cara, nunca olvidaría aquellos ojos, aquel inexpresivo semblante que hacía temer por la premisa de que se vieran cuando sueños y realidad se peleasen.

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